La obra analiza la transformación del rostro humano a través de procesos de optimización de la imagen mediante inteligencia artificial. Partiendo de retratos en primer plano, cada imagen es sometida repetidamente a algoritmos de mejora (ruido, enfoque, iluminación, temperatura de color y restauración facial). La repetición de este proceso genera una deriva progresiva, produciendo una imagen que deja de corresponder a la persona original. En un contexto en el que las imágenes son continuamente procesadas y reimaginadas por algoritmos automáticos, la obra plantea una paradoja: cuanto más se intenta perfeccionar una imagen, más se aleja de aquello que representa. La mejora se convierte así en una forma de borrado identitario.